El Solidario
El Solidario, septiembre-noviembre de 2004

‹‹Artículo previo I Artículo siguiente››

Jornadas de la Salud 2004

Esas pequeñas locuras cotidianas

¿Podemos estar bien cuando todo a nuestro alrededor parece estar mal? Ese fue el interrogante que dio inicio a la charla del área de Salud Mental, dictada por la Lic. Adriana Gil de Ezcurra (mamá de una alumna).

Estos tiempos que nos tocan vivir construyen un terreno propicio para crear todo tipo de miedos e inseguridades. Dichas reacciones no son inocentes y dan lugar a patologías y a enfermedades de una posmodernidad donde la angustia quiere transformarse en protagonista.

Con la ayuda de los chicos (también de 1ro y 2do año) la Lic. anotó en el pizarrón algunos síntomas de las “pequeñas locuras cotidianas” de las que, desde ya, nadie se encuentra exento. Mal humor, ansiedad, apatía y depresión son algunos de esos síntomas. El problema es cuando los mismos se transforman en una característica específica de la persona y la representan de lleno, es decir, cuando dejan de ser algo circunstancial y se transforman en cotidiano. Ahí también entra en escena la angustia. Ésta difiere del miedo por ser una sensación que no tiene una causa aparente que la defina. El miedo, en cambio, es más específico. Grandes filósofos se han ocupado de esta distinción: Kant, ya hacia fines del siglo XVIII, distinguía entre un peligro particular y un peligro absoluto asociado a nuestro estar en el mundo: “El mundo siempre tiene algo de indeterminado, está cargado de sorpresas e imprevistos, es un contexto vital nunca dominable: por esto es fuente de permanente inseguridad. Mientras el peligro relativo tiene ‘nombre y apellido’, la peligrosidad absoluta no posee un rostro preciso...” Otro filósofo, M. Heidegger, ya en el siglo XX también reflexionó sobre esa distinción: la angustia está provocada por la simple y pura exposición al mundo y es multilateral, mientras que el miedo es siempre circunscripto a, asociado a una determinada causa.

Dentro de esas “pequeñas locuras cotidianas”, entonces, podemos encontrar los llamados “ataques de pánico”, que se caracterizan por la angustia, a la que se suma uno o varios componentes fisiológicos: baja presión, mareos, sudor frío, dificultad para respirar. Todos estos son síntomas que indican que el cuerpo necesita atención. “El cuerpo ‘nos está gritando’ algo”, indica Gil de Ezcurra.

¿Cuál sería entonces la clave para evitar –o, al menos, atenuar- las “visitas” de aquellas pequeñas locuras? La Lic. propone utilizar nuestros (propios) recursos. Para ilustrar ese concepto, la tallerista inmediatamente preguntó a los chicos qué otras actividades realizaban cotidianamente, además de asistir al colegio. Entre las mismas se encontraban distintos deportes o actividades artísticas como danza o piano. La Lic. indicó que esas actividades extracurriculares son sumamente necesarias para canalizar nuestra energía en algo que nos guste, que nos permita ser creativos. Practicándolas, parecería que los problemas “de afuera” se desvanecen momentáneamente. Ella entonces propone que esas actividades –que también pueden ser simplemente leer un libro o escuchar un disco- oficien como “un recurso sanador”, que nos permita volvernos menos “locos”.

Adaptarse no significa sobreadaptarse.

Gracias a esos recursos, el desvanecimiento de esos problemas puede hacerse evidente. Pero tampoco se trata de hacer de este escape algo permanente, esto es, naturalizar ciertas cosas y permanecer anestesiado frente a ellas, aceptarlas como ya dadas y creer que no admiten cambios. En pocas palabras, debemos adaptarnos al mundo real, lo que no significa sobreadaptarse.

“Frente a situaciones tan duras como las que estamos viviendo, adaptarse es, tomando todos los recaudos y precauciones posibles, seguir haciendo nuestra vida y trabajar desde el lugar que nos toca, para que las cosas sean más justas. Esto no significa sobreadaptarse. Es importante que esto nos siga conmoviendo, porque cuando deje de conmovernos no vamos a tener ninguna posibilidad de salir. Que nos conmueva pero que no nos inmovilice. Eso es lo que creo que hay que hacer”, declara la Licenciada, subrayando el peligro de permanecer “anestesiados” ante situaciones que requieren acción y no escepticismo.

Bárbara Keilty

‹‹Artículo previo I Artículo siguiente››