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Entrevista a Adrián Fietta
Adrián es ex alumno del colegio y se enteró por medio de otra ex alumna de la Jornada. Así fue como se acercó para participar de la misma. Se define como psicoanalista lacaniano con una trayectoria de 18 años en adicciones. No se considera un especialista, aunque eso es lo que vulgarmente se diría de alguien con esa trayectoria en un tema específico. Estuvo ocho años en una comunidad terapéutica y actualmente trabaja para el Estado. Fue el encargado de dictar tres de los talleres que se dieron sobre adicciones en la Jornada.
Confiesa haber venido con cierto temor, ya que nunca es fácil tratar este tema con adolescentes, debido a la cercanía del problema y a las polémicas que rápidamente ocasiona. "Pensar las drogas implica un cuestionamiento de valores”, dice, "mi intención fue desmitificar las drogas como el flagelo de Occidente". A pesar de los temores existentes, le gustó mucho la experiencia. Destacó el entusiasmo que demostraron los chicos: “Los pibes decían lo que pensaban. Todos querían bajarme línea, ya tenían el tema pensado.” La realidad, coincidimos, era la causa de todo eso. El hecho de vivirlo todos los días.
“El problema de los pibes es que se aburren. Sufren desmotivación.” Aburrirse para Adrián es una de las formas de la angustia. Para Freud, padre del Psicoanálisis, la angustia es un monto de afecto sin representación, sin “imagen” que permita unir esa representación con el monto de afecto y hacer catarsis. Las drogas, muchas veces, vienen como respuesta a la angustia.
La conclusión de Adrián es un resumen de la Jornada, y es un consejo muy claro a los padres. "Los adolescentes tienen mucho más claro el tema que los adultos. Entonces reducen a los padres a la posición de quien sospecha del hijo, quien se vuelve un extraño y es un gran laburo restaurar el vínculo, cuesta mucho trabajo.”
Pero no todo está perdido, todavía hay tiempo, y hay arneses capaces de levantar incluso al que ha caído. Porque para Fietta, las pasiones salvan. "Los que se salvaron tenían una pasión, o escribían, o hacían música o pintaban." El arnés tambalea cuando hablamos acerca de que música y adicción van en el imaginario colectivo de la mano. Flotando queda la paradoja, sin respuesta.
Confianza, respeto, respaldo y no subestimar parecen ser las claves del juego en donde los chicos, los que “no saben nada” y corren los riesgos, la tienen más clara que los grandes.
Joaquín Martínez