El Solidario, junio-agosto de 2004
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Por los talleres de la cooperadora II
La cebolla de maravillas
El taller de Astronomía se desarrolla en el Colegio los jueves de 18 a 20:30 horas y pretende brindar una introducción a la Astronomía, la Astrofísica y la Cosmología. La Astronomía es el estudio de los objetos celestes en el cielo, la Astrofísica son las propiedades físicas y químicas de esos mismos cuerpos celestes, y la Cosmología, el estudio del origen y la evolución del Universo. A favor de los que no son amantes de las matemáticas, la física y la química, el taller apunta a brindar herramientas conceptuales y no apela a las matemáticas. Su uso se limita a sumas y restas sexagesimales para detectar estrellas no visibles por medio de los discos graduados del Telescopio.
Francisco Guerra, el docente a cargo del taller, tiene una forma más simpática, didáctica y pedagógica de definir la astronomía: como una cebolla. Pero no una cebolla cualquiera, ni siquiera de verdeo, sino como una cebolla de maravillas, en donde cada capa que se quita deja vislumbrar otra más profunda y maravillosa. El problema (o ventaja) de esta cebolla es que es, como el Universo, infinita. Así es que para Francisco, la Astronomía se presenta como un hobbie o como un trabajo para toda la vida. Él cumple, en principio, la tarea de iniciar a los alumnos en el universo de la Astronomía.
En clase se utilizan distintos materiales didácticos (videos, presentaciones en Powerpoint, libros, programas de computación específicos de la materia), y cuando el clima lo permite se realizan observaciones utilizando el Telescopio de la Cooperadora. Los alumnos que actualmente cursan el taller son siete, y el único requisito para ingresar según Francisco es tener capacidad de asombro, y si no se la tiene, se la adquiere rápidamente.
Esta capacidad de asombro la pude vivenciar enseguida, cuando, entre otros datos, me enteré que todo el universo conocido por el hombre ocupa aproximadamente el 4 por ciento del universo total. Y las dimensiones temporales no son mucho más diminutas: 2.500 años tardaría una persona en contar todas las estrellas que hay en la Vía Láctea, sólo una de las galaxias conocidas y de la cual formamos parte, a un ritmo de una estrella por segundo. Si uno ama contar estrellas, pero desea permanecer con vida, puede pasarse 75 años contando a 32 estrellas por segundo...
Francisco dice que la Astronomía te pone en una dimensión más natural, y te plantea preguntas fundamentales (dónde y adónde vamos, qué somos, cuánto espacio real ocupamos en el Universo). Entonces, deja de ser sólo el fanatismo por el Telescopio y el amor por los cálculos matemáticos, y pasa a ser una vivencia espiritual y filosófica muy enriquecedora.
Esta vivencia filosófica no se agota sólo en estas preguntas, sino que se siente en la clase, en la forma en que se transmiten los conocimientos y en el interés que muestran los alumnos. Filosofía es, por definición, amor por el conocimiento, y eso es lo que se percibe durante la clase. Inquietud, interés, fascinación, curiosidad y razonamientos lógicos son algunas de las cosas sobre las que se trabaja, y que saltan a la vista al observador, quien no siempre queda inmune ante estos aspectos.
Al salir de la clase, uno se siente un poco más liviano, un poco más nada, un poco más grano de sal en el mar del cielo, como dice Drexler. Y todo, gracias a una cebolla.
Joaquín Martínez
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