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Amplia y luminosa Aquí, un panorama general de la nueva biblioteca |
Lo consideré una oportunidad para “seguir” en el Nacional ya que soy una ex alumna que egresó en 2001, y así estar al tanto de su pulso y de sus acontecimientos.
Es quizás, una forma de retribuir algo de los cinco años que estuve en el colegio, una manera de aportar “mi granito de arena”, esta vez desde afuera, pero con muchas ganas de ayudar y construir, tantas, que ya me siento “adentro”.
Espero que ese “granito de arena” abandone su diminutivo y que crezca y contagie. Este contagio sería bueno y útil, porque creo que nunca una tarea debe considerarse accesoria o insuficiente siempre y cuando represente un compromiso, ganas de hacer y de crear, un “estar ahí” que sea cada vez más fuerte y duradero, que rebalse las aulas y llegue a la comunidad. El traslado de la biblioteca fue un ejemplo de cómo ese “estar ahí” se cristalizó entre más de 15000 libros y un sinfín de cajas que realizaban su recorrido a través del patio del Colegio una y otra vez. Padres, alumnos y ex-alumnos se dieron cita aquellos sábados, contagiados por la ilusión de un proyecto en común. No importaba en que año habían egresado esos ex alumnos, ni tampoco a qué turno pertenecían los actuales. Lo importante fue ver esa gran cantidad de gente que acudió al colegio, con ganas de ser parte del cambio.
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Mudanza exitosa
Una antigua estantería y varias cajas utilizadas para trasladar los libros |
Bárbara Keilty