El Solidario, marzo-mayo de 2002
El rinconcito de Elsa
Elsa Claramut es Prosecretaria [electa Secretaria desde mayo 2002] de nuestra Cooperadora. Y desde mucho tiempo selecciona reflexiones, historias con enseñanzas, fantasías que no lo son tanto, consejos para la vida... Su archivo es muy rico. Tal vez, quienes hayan consultado nuestra cartelera, ubicada en el patio del colegio, ya habrán leído algunas de ellas. Pero para los que no lo hicieron y para los que les gustaría leer estas historias nuevamente, aquí van tres de ellas:
El árbol de los amigos
Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, mas otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.
Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
Los primeros que nacen del brote son nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá, quiénes nos muestran lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos, con quiénes dividimos nuestro espacio, para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas, a quiénes respetamos y deseamos el bien.
Mas el destino nos presenta a otros amigos, los cuáles no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, del corazón.
Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.
Y a veces, uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ése da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios y saltos a nuestros pies.
Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca.
Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes, aquéllos que están en las puntas de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices, es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.
Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad, hoy y siempre.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada.
Ésta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.
Jorge Luis Borges
Para leer y reflexionar...
El Presente
Imaginen la vida como un juego en el cual Uds. hacen malabarismo con cinco bolas que arrojan al aire: son el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu.
Pronto se darán cuenta que el trabajo es como una bola de goma, si se cae, rebota; pero las otras cuatro, familia, salud, amigos y espíritu son de vidrio. Si dejan caer una de ésas, van a quedar irrevocablemente dañadas, rajadas o rotas. Nunca volverán a ser las mismas.
Compréndanlo y busquen el equilibrio en la vida. ¿Cómo?
No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Todos somos diferentes y cada uno de nosotros es especial.
No den por supuestas las cosas más queridas de su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma, porque sin ellas la vida carece de sentido.
No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro, si viven un día a la vez, vivirán todos los días de su vida.
No abandonen cuando todavía son capaces de un esfuerzo más, nada termina hasta el momento en que uno deja de intentar.
No teman enfrentar riesgos. Es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.
No excluyan de sus vidas el amor diciendo que se lo puede encontrar, la mejor forma de recibir amor es darlo, la forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.
No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo dónde han estado, sino también a dónde van.
No teman aprender. El conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.
No usen imprudentemente el tiempo o las palabras, no se pueden recuperar.
La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso.
Ayer es historia, mañana es misterio y HOY es un regalo; por eso se llama el presente.
LAS GALLETITAS
A una estación de trenes llega, una tarde, una señora muy elegante.
En la ventanilla le informan que el tren está retrasado y que tardará aproximadamente una hora en llegar a la estación.
Un poco fastidiada, la señora va al puesto de diarios y compra una revista, luego pasa por el kiosco y compra un paquete de galletitas y una lata de bebida gaseosa.
Preparada para la forzada espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén. Mientras hojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario.
Imprevistamente la señora ve por el rabillo del ojo, cómo el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, toma el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una, comienza a comérsela despreocupadamente.
La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer de cuenta que nada ha pasado, así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.
Por toda respuesta, el joven sonríe... y toma otra galletita.
La señora gime un poco, toma una nueva galletita y con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho.
El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada y el muchacho cada vez más divertido.
Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda sólo la última galletita. No podrá ser tan caradura piensa y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas.
Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con mucha suavidad, la corta exactamente por la mitad.
Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora.
—¡Gracias!—dice la mujer tomando con brusquedad la media galletita.
—De nada— contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.
El tren llega.
Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: Insolente.
Siente la boca reseca de ira.
Abre la cartera para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado, su paquete de galletitas... ¡intacto!
Reflexionemos juntos:
A lo largo de los años, y a través de determinadas circunstancias de la vida, uno realmente aprende a diferenciar quién da, de quién recibe...
< < Artículo previo
I
Artículo siguiente > >