
por Martín Delgado
Están los que usan siempre la misma ropa. Están los que llevan amuletos. Los que imploran mirando al cielo. Los que creen en supersticiones. Y están los que siguen corriendo cuando les tiemblan las piernas. Los que siguen jugando cuando se les acaba el aire. Los que siguen luchando cuando todo parece perdido. Como si cada vez fuera la última vez convencidos que la vida misma es un desafío. Sufren. Pero no se quedan. Porque saben que el dolor pasa. El sudor se seca. El cansancio termina. Pero hay algo que nunca desaparecerá, la satisfacción de haberlo logrado. En sus cuerpos hay la misma cantidad de músculos. En sus venas corre la misma sangre. Lo que los hace diferentes es su espíritu. La determinación de alcanzar la cima. Una cima a la que no se llega superando a los demás. Sino superándose a si mismo.
Demasiadas veces tenemos miedo. Miedo de lo que podríamos ser capaces de hacer. Miedo de lo que podríamos pensar si lo intentamos. Dejamos que nuestros temores se apoderen de nuestras esperanzas. Decimos que no, cuando queremos decir que si. Nos callamos cuando queremos gritar. Y gritamos con todo, cuando deberíamos cerrar la boca. Porque después de todo solo vivimos una vez. No hay tiempo de tener miedo. Entonces basta. Hace algo que nunca hiciste. Atrévete. Olvídate que te están mirando. Intentá la jugada imposible. Corre el riesgo. No te preocupes por ser aceptado. No te conformes con ser uno más. Nada te ata. Nada te obliga. Sé vos mismo. No tenés nada que perder.Y todo por ganar.
La piel se arruga. El pelo se vuelve blanco. Los días se convierten en años. Pero lo importante no cambia. Tu fuerza, tu convicción no tiene edad. Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña. Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida. Detrás de cada logro hay otro desafío. Mientras estés vivo sentíte vivo. Si extrañas lo que hacías, volvé a hacerlo. No vivas de fotos amarillas. Seguí aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en vos. Hace que en vez de lástima te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trotá. Cuando no puedas trotar, caminá. Cuando no puedas caminar, usá un bastón. Pero nunca te detengas.
No hacen falta ojos para ver más allá. Basta con que cierres los párpados. Para que aparezcan tus ilusiones, tus esperanzas, tus motivos para luchar. Lo importante está en vos. Adentro esperando que te animes a mostrarlo. No te fijes en los demás. Hacé lo que a vos te parece. Sin bajar la vista ante nadie. Tu voluntad puede transformar tus lágrimas en sudor, tu desgano en sacrificio, tu duda en convicción. Te permite pararte después de cada tropiezo. Y hace que tus problemas dejen de serlo.
Si no ves la fuerza que hay dentro tuyo, el que está ciego sos vos.