
Dice el diccionario:
Piratería: f. acciones de depredación o violencia cometidas contra un buque, personas o cosas que hay en él, por la tripulación o los pasajeros del mismo o de otro navío. || Fig. Robo; estafa | Copia.
En el mundo de hoy existen aún los casos de la primera acepción. Pero más frecuente, y tan pernicioso como la primera acepción es el de la segunda, con el agravante que millones de personas lo practican, desde chicos hasta adultos, desde el particular en su casa, hasta las empresas y el mismo Estado, copiando libros, música y software.
Pocos se atreven a robar sillas, autos, equipos de audio, computadoras, etc. Todos tienen bien claro que robar objetos no es tolerado por ninguna sociedad, desde el código de Hammurabi.
Sin embargo no ocurre lo mismo con la copia de libros, música y software. ¿Cuál es la diferencia esencial entre los objetos que todos sabemos que no debemos robar y aquellos que alegremente nuestra sociedad piratea? La diferencia reside en que lo que se roba es algo inmaterial. Un libro no es el papel en que está escrito, la música no es un CD que nos permite escucharla, el software no es el disquete en que está grabado. Como lo ha señalado Nicolás Negroponte, en un caso se trata de átomos y en el otro de bits, o sea de información. Lo que se roba es el fruto directo del pensamiento, es el trabajo intelectual.
Algunos, como los niños que se pasan jueguitos de computadora o música en formato mp3 bajadas de Internet, cometen el robo por ignorancia. Pero cuando ya son adolescentes ya no hay ignorancia que aducir. Cuando son adultos o empresas el descaro es total, ya que lo robado se usa para producir. Y cuando son las instituciones como la escuela, la justicia, el estado en todos sus niveles, además del perjuicio económico, lo que se crea es corrupción al hacer caso omiso de las leyes de protección de la propiedad intelectual.
Pero las consecuencias del robo son iguales: si los escritores, músicos o programadores no reciben valor por lo que producen, dejan de hacerlo o se van a otros países. Y nosotros, la sociedad en conjunto, además de perder fuentes de trabajo, tendremos una sociedad más pobre en todo aquello que hace a lo no material.
¿Qué puede hacer cada uno de nosotros? Simple: no robar. No buscar justificativos tales como que es caro lo que se roba, o que quienes producen ya han ganado lo suficiente. Entender y hacer entender, que el trabajo intelectual es tanto o más trabajo que el manual. Que el mandamiento bíblico: No robarás es válido tanbién para las obras del intelecto.
Francisco Hirsch