
El primer día de este año 2000, en la madrugada del Año Nuevo, Rodrigo Montera "se pego un palo de aquellos". Había salido de una fiesta con su vieja motito y, vaya a saber por qué, terminó tendido al costado del asfalto.
Fue llevado en gravísimo estado al Hospital de Boulogne y, después de algunos días de internación, derivado a la Terapia Intensiva del Hospital Central de San Isidro.
Apenas sus amigos se enteraron del accidente, hicieron la correspondiente cadena telefónica y se apostaron en guardia permanente, simplemente para estar cerca de eel. Para lo que fuere necesario.
Esos amigos eran sus compañeros del Nacional. Esos que, a la hora de visita en terapia, tenían asistencia perfecta, esos que llamaban desde donde estuvieran para saber la última novedad, esos que postergaron o aplazaron sus vacaciones, esos que le llevaban dibujos, regalitos y revistas El Cazador, aunque el nos las pudiera ver ni leer.
La cosa no andaba bien, y el cirujano tuvo que hacer la heroica. "La vamos a pelear. No es justo que un pendejo de esta edad se nos vaya así porque si", fueron sus palabras. Y la operación fue un éxito. Y el Dr. Faganello se ganó el afecto y el agradecimiento eterno de Silvia y Jorge, los papás.
Después de un postoperatorio de altísimo riesgo, Rodrigo empezó a mejorar. Y los llantos se transformaron en sonrisas.
Alvaro, Wenceslao, Cecilia, Ana, Nahuel, Carla, Nadia, Santiago, Laura, Carolina, Gastón y Mariela quizás ya ni se acuerdan los nombres de los integrantes del Primer Triunvirato, o como están formadas las cadenas rocosas de Europa o como se sacaba la raíz cuadrada de 1244. Estos chicos que, no por casualidad, pasaron por el Nacio, se sacaron un diez en la materia más difícil, y se graduaron con diploma de honor. Nos dieron una clase magistral sobre el más bello, puro y genuino sentido de la Amistad.
Meiji